El Chorro

Hoy os vamos a contar nuestra visita a El Chorro de Navafría. La visita fue en verano y ya adelantamos que es un sitio estupendo para escapar del calor madrileño y para que nuestros perros se den un chapuzón.

Navafría se encuentra en el piedemonte de la Sierra de Guadarrama, en su vertiente norte, a unos 30 Km. al este de la ciudad de Segovia. Se trata de un pueblo serrano característico con viejas casas de piedra. Está rodeado de fresnedas, robledales y amplias praderas.

Al llegar hay una garita que nos obliga a comprar el ticket del parking (realmente no es un parking puesto que no hay sitios como tal sino que cada uno aparca dentro más o menos donde quiere) que tiene un coste de 5 euros y que te permite entrar y salir del recinto durante todo el día.

Lo recomendable es llegar lo antes posible, al menos en verano, porque se llena bastante y nos quedaremos sino sin sitio para aparcar cerca de donde decidamos después «acampar».

El Chorro es un lugar fantástico. Es bastante grande, tiene un restaurante, baños, mesas, barbacoas, y un río muy largo que en su final (estaban remodelándolo) una piscina natural que es enorme.

Llegamos allí sobre las 10 am y pudimos aparcar sin problema y decidimos quedarnos cerca de los servicios y el bar, a la orilla del río. Dejamos la nevera con las bebidas y la comida, echamos unas mantas al suelo y soltamos a Debra sin problema puesto que no había mucha gente alrededor y además no vimos nada que lo prohibiera.

A pesar de estar el río congelado, nuestra perra que está obsesionada con todo lo que lleve agua no tardó ni un minuto en bañarse. Lo bueno que tiene es que salvo al final en la piscina el río no cubre mucho ni lleva una corriente exagerada por lo que cualquier perro se puede meter sin problemas.

Después de un primer baño y bebernos una Mahou bien fresquita decidimos seguir el cartel que indica el camino de El Chorro. Es una subida que se tarda en hacer unos 15 minutos, pero que rodeados de esa naturaleza y ese sonido del río, se convierte en un paseo muy agradable. Al llegar veremos una cascada altísima y en la que suele haber siempre mucha gente bañándose.

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Hay que decir que no solo hay que ver la cascada, sino que uno puede andar libremente y descubrir el pinar. Eso fue lo que hicimos. Debra se divirtió muchísimo jugando con las piñas y con otros perros que paseaban por allí. Después del largo paseo y de comer tranquilamente nos fuímos ya que estábamos cansados y queríamos aprovechar para hacer una parada en Segovia que está a una media hora de allí.

 

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